jueves, diciembre 10, 2009

CRONICAS COTIDIANAS


Jueves, 10 de diciembre de 2009
Ah, qué momento. El primer discurso del presidente en la redacción. No un presidente, sino el presidente.
La entrega de un Nobel a Obama no se puede enfrentar desde consideraciones moralizantes que si tal que si cual. Lo que hay que hacer es sentar delante de la pantalla a Política y a Espectáculos, y lo que salga. Es decir, a Pérez, obamista, y a Wiener, Espectáculo. A Tercero, Política, y a mí misma, modelo mixto.
La conversación va más o menos así:
–Mira qué listo, Obama, empieza hablando de la guerra, aludiendo a la contradicción entre el Nobel de la Paz y las tropas en Afganistán.
–Para contradictoria la rebequita que se ha puesto Michelle. ¡Pero si va con chaqueta de punto!
–"Estamos en guerra", dice el tío. Con un par. Y ahora se lanzará con lo de la guerra justa.
–Oye, que la mujer de Will Smith le está acariciando la nuca, será…
–Es muy interesante cómo se empeña en vincular a Europa en el asunto de los conflictos armados, y desde las menciones a las Guerras Mundiales…
–Desde luego, si yo midiera 1,90 no me envolvería en pan de oro, como Michelle. Se ha vestido la tía de Ferrero Rocher.
Ah, porque ¿en qué sección colocas esta pieza? ¿En Política o en Espectáculo? –"En crimen", contesta Vila–. Probablemente el que habla, Obama, de lo que está pendiente es de la puesta en escena. ¿Algo nuevo en sus palabras? ¿Va a dar la campanada este señor en Oslo? Improbable.
Entonces, ¿qué es todo esto? Ni más ni menos que el desembarco de un presidente norteamericano negro y de última generación en el centro mismo de lo más rancio de la vieja Europa.
Por eso espero que los Obama hayan tenido en cuenta los detalles que la gente noruega ha tenido hacia ellos.
Para empezar, la buena de Mette-Marit se ha vestido de azafata de Lufthansa, tendiendo puentes. Bien elegida, sí señor. Y, para seguir, en un gesto sin precedentes, los de la Academia han decorado el auditorio con recortes de la carta de un restaurante de comida rápida (ver foto superior). Bocadillos abiertos de york con lechuga, de aguacate, de tortillita y hasta pan con tomate. Ya, está claro que se trata de un análisis quizás un poco simplista de la cultura de aquellas gentes. Pero en fin, también le dan el Nobel de la Paz a Obama, ¿no?
Cristina Fallarás,

subdirectora

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